Rosalía, LUX y la negación histórica de lo femenino

Lo que LUX dice del malestar femenino

Tanta sorpresa admirada en las crónicas periodísticas sobre el espectáculo de Rosalía me ha recordado a la recurrente pregunta que le hacían a Mary Shelley; cómo era posible que una señorita como ella hubiera llegado a concebir un monstruo como Frankenstein. Es el mismo mecanismo que impide ver que el verdadero monstruo es el Dr. Frankenstein y no la criatura, el mecanismo que sigue haciendo del rechazo de lo femenino (tal como lo entiende el psicoanálisis) un bastión fundamental de la cultura, con estrategias que van desde infantilizar hasta matar, pasando por minimizar la excelencia de una artista o disminuir la relevancia del fenómeno fan. Como si mostrar que uno está en falta, a través del deseo por la obra de un artista, fuese algo vergonzante. Hay muchos ejemplos, que no son objeto de este texto, pero que muestran que la condescendencia hacia una mujer artista es atemporal.

Para esta crónica-reflexión, que surge de haber visto el espectáculo de LUX, he usado el libro “THE LUX TOUR” y el libro de Gerard Pommier, “La excepción femenina” y trato de formular algunas preguntas de la mano de las referencias que hay en LUX sobre al goce-otro, ese que el hombre (y cualquiera en posición masculina) no entiende e intenta aplastar con una lógica fálica. Son joyas traídas de la mística que se hallan repartidas por todo el espectáculo de LUX y que dicen mucho del malestar de las mujeres en el amor en momento actual, como constatamos en la clínica; habiendo mujeres que llegan a renunciar a él.

No en vano, la expresión femenina, negada en el siglo XIII, parece encontrar en la mística una forma de expresión posible de un goce suplementario. No sin antes introducir un matiz que diferencia la mística de la religión; las místicas han sido sospechosas para la Iglesia, cuestionadas en muchas ocasiones. No obstante, es siempre en ese lazo con la sociedad, que hasta ahora ha sido la Iglesia, hacia donde se han dirigido estos fenómenos místicos. Defenderé que Rosalía ha hecho algo diferente, dado que es una artista y no una Santa; una mística que se ha dirigido a un público.

La artista puede traer esto a colación porque vuelve a haber una negación de lo femenino ochocientos años después, o quizá nunca dejó de haberla. Un ejemplo paradigmático es una característica atribuida a lo femenino en el discurso social actual: la intensidad. No solo describe a las mujeres, también a parte del colectivo gay. Es una expresión que nombra el rechazo a lo femenino en el S. XXI: “intensita”. El diminutivo importa. Rosalía, que no ignora este punto, incluye la siguiente cita de Borges en el libro del concierto: “Lo que de veras fue no se pierde; la intensidad es una forma de eternidad”. ¿Es la intensidad un intento de trascender? Es la misma transición que hizo en su día Lacan, del menos, signo -, de Freud, para quien había algo de lo que la mujer carecía y, por tanto, tenía que ir a buscarlo en la complementariedad con una pareja, a añadir un +, un plus de goce; algo que está en la mujer y que excede lo fálico.

Tanto el disco como el espectáculo están divididos en actos que funcionan como los caminos que conducen al goce en el Castillo del Alma de Santa Teresa, y que van del amor laico a la angustia y al sufrimiento antes de redimirse en el vacío divino. ¿Me acompañas?

 

ACTO I. Los caminos hacia la luz

Antes de que empiece el espectáculo se escucha Angel, de Jimi Hendrix: Angel came down from Heaven yesterday/ She stayed with me just long enough to rescue me.

Hay ya aquí una promesa de amor divino proporcional a las crueldades que uno ha sufrido, algo que ya apunta a la experiencia mística; la fe experimentada en un cierto sufrimiento. Y, también, la necesidad de un testigo; la representación de la experiencia de las místicas siempre ha buscado un testigo, como dice Pommier. En la mística, el goce supremo es dirigido a Dios, no al hombre, pero hay un testigo que se queda con su pincel, bolígrafo o batuta, lo que corresponda a su arte, trabajando para alcanzar lo que atraviesa la mística: los espectadores del concierto LUX asistimos a una representación de este momento de encuentro, un acontecimiento estático, sobre el escenario. El primer trampantojo es que el escenario entero es la parte de atrás de un cuadro, un bastidor, lo que sostiene la creación de la artista. La acción comienza entre bambalinas, con unos bailarines actuando como operarios de un museo y abriendo una caja gigante con la etiqueta “frágil”. De ella sale la artista como una bailarina estática, inmóvil ¿pasiva? “La “pasividad” mística, la espera de ser penetrada por la palabra de Dios, demanda tanta prudencia como la que es necesario tener respecto de las “pasividad” femenina. Freud nunca habló de la pasividad femenina, sin agregar que se trata de un acto.” (p.73). La posición pasiva en lo femenino es un acto, se sigue viendo en la clínica hoy en día, incluso con las adolescentes. En la mística esa “pasividad” que aparece en la espera a Dios puede tomar la forma de ayuno, celibato o la renuncia a otros placeres de la vida; todos ellos son actos necesarios. Como lo es un cuerpo fuerte para mantener la posición erguida y estática que la artista tiene sobre el escenario como si fuera una bailarina en una caja de música.

La primera canción es “Sexo, violencia y llantas”:  Quién pudiera/ vivir entre los dos/ primero amaré al mundo/ y luego amaré a Dios

La voz quiebra el aire e implanta un silencio poco habitual en un estadio y que ha sido muy comentado en las crónicas periodísticas. Queda así establecido que seguiremos estas etapas que transitan el amor laico, el sufrimiento y la angustia y que van a acabar en la iluminación.

Interpreta “Reliquia”: Mar eterno y bravo/ la eterna canción/ ni tiene salida/ ni tiene mi perdón

Canción inspirada en la imagen de Santa Rosa de Lima, cuyos trocitos están repartidos por el mundo. El nivel de exigencia del espectáculo hace pensar en que Rosalía está hablando de ella misma que se reparte en cada noche, en cada ciudad.

Sigue con “Porcelana”: Ego Sum nihil (Yo no soy nada)/ Ego sum lux mundi (yo soy la luz del mundo)

En el libro del concierto está este texto que no es una cita, así que se lo atribuyo a la artista o a Gabriel Ventura, quien edita: “A lo largo de la historia, todos los hombres con poder primero han temido a las santas, y luego se han arrodillado ante su fulgor”, como introducción para hablar de Ryōnen Gensō, una mujer que se quemó parte del rostro para erradicar su belleza y así poder permanecer en un monasterio zen. La intertextualidad de las letras trae a colación el dolor femenino, el placer místico y la trascendencia, el cuerpo y sus sacrificios, de la porcelana a la piel quemada. Trascender la imagen del cuerpo, tan importante hoy en día, porque la proximidad de Dios requiere que el cuerpo se borre; las imágenes que acompañan el disco muestran a Rosalía desnuda, pero con un cuerpo de luz; tema universal de la mística que conjuga el goce y el aniquilamiento. Descrito también en la letra: El placer anestesia mi dolor/ el dolor anestesia mi placer/ lo que tengo lo que hago mi valor/ y el dolor siempre vuelve a aparecer.

La siguiente canción es “Divinize”: A través de mi cuerpo puedes ver la luz/ Amorátame que yo me comeré todo mi orgullo/ Sé que fui creada para divinizar

La inspiración de esta canción viene, en parte, de esta cita de Simone Weil: “El sufrimiento y el goce como fuentes de saber” y, en parte, de las místicas medievales que ayunaban para convertir su cuerpo en luz o de Santa Brígida de Kildare cuya relación con el cuerpo deviene milagro. Atestigua de una posición de agente en este deseo insatisfecho tan característico de lo femenino: “[…] después de haber sido tanto tiempo el objeto de amor y de tormento de un Otro omnipotente, la mística pasará el límite, se reencontrará identificada con ese mismo Otro” dice Pommier (p.72), no de cualquier mística, sino de Santa Teresa.

La canción acaba con ella girando y girando, pero no sola, sino en los brazos de un bailarín al que se queda unida, frente con frente, cuando el movimiento se detiene, aún sostenida por sus brazos, la imagen evoca esto: “el ser humano que gracias a su insuficiencia busca la unión con el otro”; el amor según la RAE.

Curiosamente, el momento álgido, más aclamado por el público, ha sido la interpretación de “Mío Cristo piange diamanti” canción cuya letra está en italiano y dice: Mi querido amigo/ no podemos ni elegir este amor/ ni dejarlo caer

La catalana se despidió de Madrid con estas palabras: “gracias por no dejarme caer” que recuerdan inevitablemente a la escena en la que está sostenida por un bailarín ¿a qué se refiere? ¿por qué emociona tanto? En esta canción, que interpreta caracterizada como Santa Clara, con una tela blanca sobre la cabeza, la inspiración viene de la amistad entre Santa Clara y San Francisco de Asís y de la renuncia de Santa Clara al mundo. Rosalía convierte al público, como Santa Clara a San Francisco, en testigo y cómplice de lo que viene.

Pero algo sí se deja caer: la canción finaliza con un tremendo estruendo, el cataclismo de lo que cae y, en el disco, se escucha a Rosalía decir: “that’s gonna be the energy”, lo que da comienzo a la parte dos.

 

ACTO II. La oscuridad

Rosalía convertida en fauno con los bailarines alrededor en lo que se ha comparado con el cuadro de Goya, El aquelarre, con una figura central de un macho cabrío que representa al demonio. Así interpreta “Berghain”, el primer tema que se conoció del disco. Hay mucho(s) cuerpo(s) en el escenario, también mucha oscuridad. Una mística tras otra referenciadas en las letras y el Motomami a golpe de cadera y de sujetador. La ropa interior recuerda a Madonna y el vestido a Vivienne Westwood; dos referencias que se han rebelado a través de una estética Punk frente a un encorsetamiento de lo femenino. Este segundo acto alterna místicas y cortesanas.

Como ha contado en varias entrevistas, se inspira en la obra escrita de Hildegarda de Bingen, Santa compositora y escritora a pesar de las normas de su época, la baja edad Media. Así como en Vimala Theri, cortesana reconvertida en devota de buda. La puesta en escena no deja lugar a la duda de que el texto: “te follaré hasta que me quieras” contiene toda la violencia que transmitía la frase: los actores caen al escenario como muertos a causa de un disparo cada vez que se repite la frase. Sin embargo, la crítica vio este final de la canción como una esperanza de que no estaba todo perdido: la lectura social del giro místico de Rosalía identificó esto como que no había esperanza y, en cambio, el sexo, da igual lo descarnado y agresivo que sea, como sinónimo de lo opuesto. Esta es la marca de nuestra época en la que los goces se han vuelto tan descarnados que se escucha en la consulta hablar de un sexo donde la persona no interesa nada; es solo un cuerpo al que follarse.

Esta canción, cuyo videoclip representaba al inicio un tormento mental y un sufrimiento físico de corazón, transita por la tendencia femenina a la desaparición: Yo sé muy bien lo que soy/ ternura pa´l café/ solo soy un terrón de azúcar/ Sé que me funde el calor/ sé desaparecer/ cuando tú vienes es cuando me voy

La mujer convertida en objeto, cuando ese objeto se deja caer, metáfora que aparece en muchas obras artísticas, entre otras, la de Ondina; llega a desaparecer. En la época actual, la repetición de esta escena, la desaparición, como se aprecia en la clínica, pone en alerta de una etapa histórica en la que los goces no consiguen enganchar en algo del amor. ¿Qué solución ha encontrado Rosalía? una intervención divina enunciada por una artista, Björk, que también reta al ideal de feminidad. Björk corta con su enunciación esa violencia sexual tan terrible en la que se ha convertido el encuentro de los sexos en el siglo XXI, y la intervención recuerda a un corte de sesión dirigido a que el paciente salga del discurso circular en el que sufre.

Rosalía halla en la mística un refugio a tanto dolor y, al hacerlo, se alinea con místicas de todo el mundo. El concierto continúa con canciones del disco de Motomami: Saoco, La fama, La Combi Versace.

Interpreta “De madrugá”: traigo mil lenguas de fuego/ todas en mi pelo.

La letra es casi una cita textual de Hechos de los Apóstoles 2:3-7, solo que en lugar de venir las lenguas de fuego de la nada, vienen en el pelo de una mujer, en un homenaje a la venganza de Santa Olga de Kiev. Y Rosalía, las trae al escenario, trece lenguas distintas, todas en su pelo, y diecisiete mil personas cada noche en Madrid las coreamos aunque no fueran nuestra lengua materna. El lenguaje no es cualquier cosa, los psicoanalistas lo sabemos bien. “Ella (el alma atormentada) quisiera ser convertida toda en lenguas para alabar al Señor” dice Santa Teresa.

 

ACTO III. La redención

Comienza con “El Redentor”. Ella aparece en una imagen épica, cogiendo el micrófono como una estrella del rock en lo alto de una escalera iluminada por el cielo, interpretando una saeta que habla del sacrificio de Jesús, e, inmediatamente después, interpreta “Can’t take my eyes off you”, convirtiéndose en un trampantojo: en un cuadro vivo que nos mira y nos canta con público subido al escenario que, a su vez, la mira y le hace fotos reproduciendo esa escena, que ya es un meme, de la Gioconda siendo fotografiada por turistas.

La redención viene de la mano de la expresión artística y aquí se inserta el ya famoso y viral confesionario, con la colaboración de un artista diferente cada noche: una secuencia de descripciones de las diferentes argucias masculinas contemporáneas para evitar dar amor al otro. Pero el verdadero acto de confesión lo sintetiza La pringada en la siguiente frase, paradigma del sufrimiento actual femenino: “y, aun así, seguí”. La verdadera confesión de las mujeres que pasan por allí es la confesión del goce insatisfecho de la mujer, con todos los sufrimientos y riesgos que acarrea.

Queda así introducida “La Perla”: Hola, ladrón de paz/ campo de minas/ para mi sensibilidad

En la interpretación hay otro trampantojo formado por los brazos y manos de los bailarines, que convierten a Rosalía en una Venus, en una virgen en una sucesión de representaciones de la mujer en el arte. La canción está inspirada en la propia experiencia de la artista con las relaciones de pareja y en Fabiola de Roma, quien en el s. IV dC. abandonó al infiel de su marido y se dedicó a la oración, también en Santa Mónica de Hipona, madre de San Agustín, que con su fe se defendió de su marido infiel y agresivo. Solo que en el escenario vemos representaciones de la mujer en el arte, la fe y la creación artística se unen aquí.

Lo que desencadena en “Sauvignon Blanc”: Estoy bien si estás tú/ si hoy estás tú

Con Rosalía subida encima de un piano, más relajada, dejando que el público cante esta canción inspirada en Santa Teresa de Jesús. Allí donde una gran mayoría escucha una declaración de amor romántico, Rosalía manifiesta un compromiso con la mística de Ávila en su renuncia a la riqueza para estar más cerca del amor; un anhelo de completud o, como lo dice Pommier “ella abandona el mundo agitado del deseo para reposar en la serenidad. Lo que ella (Santa Teresa) escribe permite solamente suponer la identificación con el Otro divino del cual ella era antes objeto” (p. 72).

Interpreta “Yugular”: Por ti destrozaría el cielo/ por ti derrumbaría el infierno/ libre de promesas/ libre de amenazas

El nombre de la canción proviene de una cita del Corán y la inspiración de esta joya es la mística sufí Râbi’a al-`Adawiyya a quien se le atribuye el intento de apagar el infierno y quemar las puertas del paraíso para que el amor por Dios no tuviera objeto (ni cielo, ni infierno) sino que fuera puro. Y en esta aprensión de la intensidad y en este abrazo desprejuiciado de lo radicalmente diferente, Rosalía hace con el lenguaje esta sucesión de ocupaciones imposibles, paradojas espaciales que son puro goce sonoro que juega con el significante por encima de la lógica del significado. Y lo hace en un primer plano, plano subjetivo desde dentro de la propia escalera sobre la que se encuentra arrodillada y que podría ser una escalera hacia el cielo. “Todas las palabras se definen por otras palabras, salvo la de la divinidad, que se supone responde por el vacío de todas” dice Pommier (p.68).

Tras un breve descanso, reaparece con un atuendo que hace las veces de un trampantojo: como si estuviera a medio vestir, o a medio desnudar, con un guardainfante como el de las meninas, una especie de miriñaque sin vestimenta por encima, sujetador, corsé y una cofia o tocado renacentista. Así, fuera del escenario, se recorre el estadio en contacto con el público hasta llegar a la orquesta interpretando “Dios es un Stalker”: Yo te sigo/ tú improvisa/ si vas lento/ o si vas deprisa

La cámara la sigue a ella por todo el recorrido, reproduciendo la imagen en blanco y negro en las pantallas.

Y viene “La Rumba del Perdón”: Anudar y desanudar/ desnudarse y desnudar

Tal como la artista ha hecho como si se hubiera desnudado en el escenario y es así que interpreta “CUUUUuuuuuute”, canción que ya apuntaba a LUX desde Motomami, con un estruendo tribal, un botafumeiro eléctrico y una estética apocalíptica, con movimientos propios de una estrella de rock de heavy metal dice: Keep it Cute (no te equivoques)/Que aquí el mejor artista es Dios

 

ACTO IV. La despedida

Convertida en ángel, junto a los bailarines, interpreta cuatro canciones que hablan de forma explícita de los riesgos de ser un objeto para un hombre: BIZCOCHITO, DESPECHÁ y “Novia Robot”: Quema el manual para lo mismo/ pa´lo mismo/ y hazte un manual para lo tuyo/ lo tuyo/ es lo tuyo

Por si no hubiera quedado clara su apuesta por lo singular en lo femenino, lo subraya en esta letra. “Quema el manual para lo mismo y hazte un manual para lo tuyo” es muy similar al recorrido y final de un análisis, de un psicoanálisis, donde el sujeto llega sufriendo con un deseo que es el deseo del Otro; se hace ser lo que cree que el otro quiere de él y, tras hacer caer las identificaciones y atravesar el fantasma, tras experimentar que hay un inconsciente único, que es el suyo; queda el sujeto dividido con su goce pero ya con un saber hacer propio, particular, idiosincrásico, único; con un manual para lo suyo. Este tema, que comienza con el slogan de una empresa ficticia “¡Bienvenidos a ROBÓTIKAS con K! Un mundo de fantasía robótica femenina hecha para el placer del sexo opuesto”, y en el que se menciona a personajes, estéticas y otras referencias a la tendencia trad-wife: mujeres cuyo fin es satisfacer y complementar al hombre, llega a sintetizar ser el falo para un hombre en la siguiente frase: Y él dice que/ Hay un trofeo que quiero/ por el que compito/ […] Y mi florero favorito/ no es el de Gaetano/ es la gata que yo tenga al lado

La canción se inspira, en parte, de la historia de Sun Bu’er, esposa y madre hasta pasados los 50 años y que, tras iluminarse, se convierte en una hermana taoísta, sabia y poetisa.

La canción finaliza con una parte de la letra recitada en Hebreo y que está inspirada en Miriam, profetisa mencionada en Éxodo 15: Nací para rebelarme/ y me rebelo para nacer de nuevo/ si la presión hace diamantes/ ¿por qué entonces no estamos todos brillando?

La penúltima canción es: “Focu ‘Ranni”: Ya nadie tirará arroz al cielo/ ya no habrá borrachera ni flores/ ya no habrá nadie que bendiga/ un amor que en verdad desconoce

La artista se inspira en Santa Rosalía de Palermo, 1130, quien, como ella misma, en lugar de casarse con su prometido, se retiró como una ermitaña a dedicarse a la contemplación y la oración, como hizo Rosalía a la escritura y creación de este disco y, para ambas; su fama traspasó fronteras. Alcanza así lo legendario, lo eterno, lo anhelado desde el primer momento: la trascendencia.

No se casa con un hombre, se casa con Dios, así lo resume Pommier: “El casamiento del cuerpo con la nada divina hace cesar su oposición con el alma; el sufrimiento carnal y la desaparición física ya no son temidos sino esperados, porque la nada que el sufrimiento anuncia es el otro nombre de Dios” (P. 69).

Esto toma la forma de “Magnolias” la escenificación del entierro de la artista: Tírame magnolias/ Tírame magnolias/ Tírame magnolias/ Tírame magnolias

Esta canción está inspirada en el funeral de otra Santa: Anandamayi Ma, esta Santa hindú obtiene la iluminación desde el nacimiento y alcanza el estado de samhadi en 1982.

Y así se despide de nosotros, alejándose hacia la luz hasta desaparecer.